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Hoja de respuestas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez completes la gráfica que acompaña a las preguntas, identificarás las estrategias que tienes más desarrolladas y las que necesitarías potenciar. A continuación se presenta una síntesis de cada una de ellas.

 

Pensar Zen. Sin tiempo para pensar es difícil ser creativo. Si nos dejamos llevar por el día a día lo más probable es que acabemos haciendo lo de siempre. La creatividad, a menudo, necesita espacios de reflexión, de conexión con el mundo interior. Pasear por el bosque, practicar meditación o aprender a concentrarse son algunas de las prácticas Zen que veremos más adelante. Las personas que no saben encontrar esta conexión con su mundo interior tienen muchas más dificultades para expresar su creatividad. No se trata de forzar nada: se trata de saber encontrar espacios de paz interior que permitan que nuestra creatividad natural fluya espontáneamente.

 

Pensar Po. La palabra Po es muy utilizada en pensamiento creativo. Fue creada por Edward de Bono y significa “operación provocativa” (Provocative operation). Si queremos ser creativos tenemos que aprender a desafiar los convencionalismos adheridos a todo lo que nos rodea. Tenemos que ser provocativos con nuestra forma de pensar y de plantearnos la realidad. Si ya nos parece bien lo que vemos, ¿qué necesidad hay de ser creativos? Po significa preguntarse constantemente cosas, desafiar lo que nos parece obvio, intentar ver de qué manera las cosas podrían ser distintas y un largo etcétera. Es una de las habilidades más importantes para construir una auténtica inteligencia creativa.

 

Pensar Open. La creatividad necesita espacios íntimos, como ya hemos visto. Pero también de interacción. Pensar Open significa tender puentes de diálogo entre distintas realidades, abrir los conceptos a mundos distintos a los nuestros. Es difícil que una persona o una organización tengan, por sí solas, una idea. A menudo hay que aprovechar la inteligencia que nos rodea para culminar el proceso creativo. Hay que conectar con otras fuentes de sabiduría y combinarlas con la nuestra. Las relaciones y el networking pueden mejorar muchísimo una idea embrionaria.

 

Pensar Flow. ¿Conocemos algunas de las herramientas más útiles de creatividad? ¿Sabemos utilizarlas en equipo? Pensar Flow es aprender a generar grandes cantidades de ideas (divergencia), explorarlas y seleccionar las mejores (convergencia). Este es un proceso sencillo pero que si está mal hecho no obtendremos el máximo provecho de una sesión creativa. Necesitamos aprender a pensar de otra forma, en equipo, optimizando nuestras posibilidades creativas. Hay un sinfín de metodologías que pueden ayudar. ¿Habéis oído hablar de las máscaras, de las palabras al azar, de la galería de famosos o del baño de colores?

 

Sentir Emo. Pensar está muy bien, y hay que hacerlo. Pero los humanos somos también seres emocionales. Sentir y experimentar emocionalmente una idea es tan importante como reconocerla y estructurarla racionalmente. De hecho, las personas alejadas de su mundo emocional es posible que tengan muchas más dificultades cuando intentan imaginar o crear algo porque están faltas de la aproximación que dan las emociones. De hecho, en buena medida, innovar es emocionar. Pero, ¿sabemos trabajar con las emociones? ¿Hemos aprendido a convertirlas en nuestras aliadas?

 

Sentir Happy. ¿Alguien conoce una persona creativa completamente desmotivada? Parece difícil… Muy a menudo las actitudes de inteligencia creativa van acompañadas de altas dosis de motivación y de pasión. Cuando nos proponemos hacer algo, aunque sea difícil, es muy probable que lo consigamos. No obstante, el panorama a nuestro alrededor respecto a la motivación de las personas no es muy entusiasmador. Predomina la obligación sobre la pasión y las ganas. Muchas organizaciones no son si no templos de aburrimiento y rutina. Hay que construir escenarios de pasión en los que los humanos podamos sentir ganas de hacer cosas. Innovar significa, excepto en algunos casos, ser positivo y alegre.

 

Pensar Team. Por razones que son antropológicamente complejas, los humanos tendemos a competir más que a colaborar. Y eso, en un entorno estructurado en red y muy abierto como el actual, es un auténtico drama. Hay que abandonar hábitos de enfrentamiento y mentalidades de ganar-perder por estructuras mentales basadas en la colaboración. Hay que sustituir la competitividad ciega por la colaboración inteligente. Es imposible ser creativo e innovar si vamos los unos contra los otros. No lo conseguiremos si no aprendemos a trabajar pensando que dos y dos pueden ser más de cuatro y que la mejor forma de relacionarnos es la mentalidad ganar-ganar.

Recurso Didáctico
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